domingo, 20 de junio de 2010

Girón en la memoria

Los acontecimientos que relatarè fueron y son para los que participamos en tan difìcil contienda bèlica, por lo menos para mì, el bautismo de fuego de mis largos entrenamientos en una base al norte de la provincia de Pinar del Rìo, que queda al oeste de Cuba.
Para que se tenga una idea del sacrificio que pasamos miles de hombres, todos los integrantes de las milicias revolucionarias, se nos condujo, como parte del primer entrenamiento o acondicionamiento fìsico desde la base militar de Columbia, en el oeste de la, provincia de la Habana hasta la base, que denominaremos Granma, y nadie sabìa, por lo menos los que iniciàbamos la marcha aquella mañana la distancia que recorrerìamos, y que despuès nos dijeron, casi 160 kilòmetros, todo ese tramo a pie, sin màs nada que la ropa, unos zapatos viejos y el espìritu.
En el trayecto yo perdì mi ropa interior, y casi llegando a la ùltima curva del tramo, perdì un zapato, lo que me preocupò, porque todo el que no podìa caminar màs o no resistìa por cansancio fìsico era montado en camiones que los devolvìan a su casa en La Habana, y eso a nadie le gustaba, todos querìamos llegar, pero de 3000 que fuimos solo llegamos 1200 ó menos.
Cuando entrè en la base despuès de casi tres dìas caminando, me sangraban las entrepiernas, ya se me habìan reventado las ampollas de los pies, sobre todo el que llevaba sin zapato donde la media era un trapo amarrado sobre la planta para poder continuar, fue el esfuerzo fìsico màs descomunal que experimentè, pero lleguè, y me tuvieron que llevar a la enfermerìa, aunque yo no querìa, temiendo me rebotaran a La Habana, no obstante, el comandante Bravo, Jefe de la Base Granma me mirò y dijo, no este serà un buen artillero, se queda, atièndanlo y asì fue que me fui a la enfermerìa.
Despuès de dormir casi 24 horas seguidas, al despertar vino un teniente de navìo, de los guardiamarinas antiguos y me dijo, soldado, levàntese, estire las piernas y acomòdese en la barraca 26 en la cama 16, ese serà desde ahora su hogar hasta que termine el entrenamiento,porque este es un curso de 45 dìas, el Cmte Fidel quiere que se formen como artilleros antiaèreos ya, y eso es ya, asì que DE PIE, me gritò, y yo, lentamente, miràndolo a los ojos, marguyè un te vas a la puta madre que te pariò hijo de puta, y salì despacio, no me importaba los gritos del degenerado, me importaba que si le hacìa caso me jodìa la pierna lesionada, y tenìa que resistir, porque de los 1200 la gente decìa que sòlo debìan quedar 1000, de manera que yo no estaba dispuesto en integrar el grupo de los 200 que liquidarìan.
Con esos truenos en mi cabeza comencè el entrenamiento, durìsimo, el rigor fue tremendo, no te perdonaban nada, pero como yo me destaquè como tirador, la cosa tomò otro rumbo, ya me consideraban diferente, y pasè a integrar las filas de los que se quedaban, que alivio me dije, para algo servirè a mi patria si atacan los enemigos enviados por los yanquis, y asì fue.
La madrugada del 15 de abril nos despertò a todos con la famosa corneta de diana, pero nos extrañamos porque eran casi las dos de la mañana y esa se tocab a las seis. Pero enseguida nos informan que tenìamos que prepararnos, vestirnos y estar listos para partir hacia un lugar de Cuba que se presumìa atacarìan las fuerza enemigas que querìan destruir la revoluciòn y a todos nosotros.
El zafarrancho de combate comenzò, nos montamos en los carros que arrastraban las ametralladoras 12.7 antiaèreas, y nos condujeron por mas de cuatro horas, viajamos toda la noche y amanecimos en una zona agreste, olìamos el salitre del mar y supimos despuès que estàbamos en la provincia de Matanzas, al sur de la Bahìa de Cochinos. Y ya los albores del 16 de abril los recibimos con un ataque que nos sorprendiò, eran aviones pintados como los cubanos, y no sabìamos si eran amigos o enemigos, pero enseguida dieron la orden de derribarlos, puies eran nada menos que aviones puestos por la CIA y manejados por pilotos norteamericanos que estaban atacando toda la zona oeste del unico central que allì habìa, llamado Australi.
Concentramos el fuego sobre los aviones y por lo menos uno lo bajamos en la primera pasada, esa fue mi primera alegrìa despuès de tanta penuria, el entrenamiento fue eficaz, podìamos derribarlos, y asì fue, ese nuestro primer combate, nuestra prueba de fuego, nos dijo Fidel, resultò un rotundo èxito. Pero despuès continuarè relantando lo sobrevino, fue donde nos convertimos de artilleros a soldados de infanterìa en la persecusiòn del enemigo que habìa entrado en nuestras playas, ya de paso asesinando campesinos y pescadores quem poblaban las costas de Giròn, fue una persecuciòn sin cuartel, y veràn como los convertimo en alimentos para niños.

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