lunes, 21 de junio de 2010

Girón en la memoria, segunda parte

La guerra que ganamos tuvo sus crueldades, las consecuencias que sobrevinieron tanto para los que nos pretendían invadir por la fuerza de las armas como por los que defendíamos el suelo patrio fueron ineludibles.
Como bien es conocido, los invasores eran los familiares directos o indirectos de los que abandonaron la patria cuando triunfó la Revolución en 1959.
Eran los afectados por las leyes revolucionarias, los tahures de toda laya, dueños de prostíbulos, casas de juego, propietarios de fábricas, empresas , grandes terratenientes y casatenientes que siempre apoyaron la dictadura de Batista y avalaron todos los terribles crímenes y torturas que se perpetraron en nuestra Isla durante el mandato de este tirano en los años 50.
Y qué se podía esperar de esta morralla, absolutamente ninguna piedad si tomaban la patria. Eran fieles seguidores de la política de los EE.UU. que pretendía sin lugar a dudas *restaurar* el defenestrado poder político ya conquistado por la Revolución Cubana en 1959. Y eso todos los que fuimos, nos entrenamos y combatimos lo sabíamos muy bien, conocíamos que habría que desarrollar una lucha sin cuartel, de fuego contra fuego para derrotarlos, porque imaginábamos que detrás de aquella primera avalancha invasora, si lograban establecer una sola cabeza de playa, se meterían en la guerra los norteamericanos, con su ejército y sus armamentos, y eso nos dijo claramente Fidel, no podía suceder porque entonces nos costaría muchas vidas y tal vez la propia vida de la Revolución.
De manera que sabíamos a que nos ateníamos. Y en el medio de los combates con los enemigos de Cuba surgieron hechos que a mí personalmente me impactaron bastante, como el que se produjo cuando para tomar un promontorio cerca de las arenas de Girón un grupo de nuestros artilleros, ahora convertidos en comandos de infantería ,se desplazó hacia la derecha del objetivo a tomar ,y en ese instante, fue barrido por los proyectiles de una calibre 50, que estaba emplazada precisamente en aquella lomita. Fueron miembros cercenados de cuajo, y muertos de impacto directo, y así y todo la 50 seguía masacrando aquellos cuerpos, ya sin vida, destrozándolos inmisericordemente, fue horrorozo, ver a tus amigos destrozados saltando sin otra cosas que despedazarse. Así fue como vimos a un soldado, ya entrado en años avanzar con una granada de mano y lanzarla a la cota de la ametralladora, logrando matar al tirador y eliminar la peligrosa arma. Entonces todos nos avalanzamos hacia el punto, rápidamente pero con la debida cautela, íbamos llenos de odio, dispuestos a rematar al asesino y a los que l o rodeaban. De pronto escuchamos, no disparen, nos rendimos, y nuestro capitán ordenó el alto al fuego.
Al visualizar que sólo habían dos enemigos vivos preguntamos quien manejaba la 50, y se nos indicó al que estaba muerto de un disparon en la cabeza. Entonces fue lo inesperado. el soldado que había avanzado y tirado la granada fue llorando cuando identificó el cadáver del enemigo muerto y dijo, coño he matado a mi hijo, y nos miraba y decía, este fue el hijo que se me escapó en una lancha hace como tres meses y mira, me lo mandaron para acá a jodernos a nosotros. Está bien muerto.
Que ironía de la vida,me dijo para mí, el padre defendiendo la Revolución y el hijo atacándola.

El otro hecho fue cuando ,después de perseguir a los famosos invasores, ya dentro de los esteros de Península de Zapata, con el agua al cuello y el barro hasta las rodillas encontramos un nido de hijos de puta que prerendían llegar a tierra firme y emplazarse y hacer una especie de resistencia en espera de lo que ellos creían eran sus refuerzos yanquis. Pero una vez más se equivocaron, ni ellos recibirían sus refuerzos ni nosotros los íbamos a dejar recomponer sus fuerzas. El fuego nuestro junto al avance fue tan imprevisto por esta gentuza que solo atinaron a decir * nos rendimos, nos rendimos, a nosotros nos trajeron aquí como cocineros*
Y pensaban que los íbamos a asesinar tal cual ellos hubieran hecho con nosotros de habernos hecho prisioneros, y a decir verdad lo que queríamos era que pelearan, así nos ahorraban el tiempo que invertimos en detenerlos, amarrarlos y alimentarlos. Sin embargo para algunos de ellos no fue tan fácil, pues había dos que supimos después eran asesinos de la tiranía baatistiana y fueron ejecutados frente al paredón de fusilamiento sin ningún tipo de miramiento.
Y al final de la guerra relámpago, la cual terminamos en 72 horas, fue lo más emocionante que logré ver, al Comandante Fidel Castro quien dirigió toda la contienda personalmenten montado en un tanque que llegó hasta la misma playa y volteando el cañón apuntó y disparó justo frente al barco Huston, emblema norteamericano que llevaba otros cientos de invasores. El impacto fue directo a la línea de flotación, el barco tras una llamarada comenzó a escorar y a hundirse y desde allí pudimos ver como se lanzaban al mar los tipos, quienes fueron capturados al llegar a las playas, absolutamente todos. Fue algo indescriptible, fue la sensación de la victoria total.
Y después toda esta caterba de malnacidos contrarrevolucionarios para ejemplo del mundo, ese les trató de forma excelente, y se les cambió por los que llamábamos compotas, mermelada de frutas yanquis para niños, por cada invasor capturado, Fidel los cambió por media tonelada de compotas y fueron unos 1300 tipos capturados, calcules ustedes cuanto benefició a nuestro bebé semejante canje.

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